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Setas, el perfume del bosque otoñal | sensaciones


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Setas, el perfume del bosque otoñal PDF Imprimir E-mail
Sensaciones
Por J. M. Hernández de la Luna   
Lunes, 28 de Noviembre de 2011 21:26

 

Caen las primeras lluvias del otoño. Algo se mueve bajo la tierra, va cobrando vida mientras se cubre aún, temeroso del frío, bajo el manto de las hojas que, dormidas, caen doradas, ocre, rojo, desnudando las ramas de los árboles en el atardecer de la estación.

seta junto a una pequeña piña de su tamaño

 

Descienden las temperaturas conforme transcurren los días y se suceden las precipitaciones. Los brotes acuosos saltan como kamikazes de sus nubes nodrizas para estrellarse contra el suelo, uniéndose a la Tierra. El lecho forestal se va humedeciendo y las primeras setas otoñales se van desperezando, asociándose con las raíces de árboles y plantas y formando una misma esencia.

Se trata de seres feéricos, esto es, íntimamente relacionados con las hadas. Criaturas mágicas que por su naturaleza de vida fugaz, de formas variadas y diversos colores, han sido frecuentemente ligadas a mitos y leyendas, e incluso han tenido una importante presencia en las creencias y cultura de algunos pueblos.

Seta Amanita muscaria, seta roja

Amanita muscaria

Así, el agárico del género Amanita muscaria, especie de gran toxicidad y efectos alucinógenos, era utilizado por los vikingos por sus propiedades psicoactivas, un estimulante que conducía al Bersek, el terrible ‘furor’ que tan popular hizo a aquellos habitantes del Norte de Europa.

Y es que el vínculo entre mitología y micología, esto es, el conocimiento y estudio de los hongos, va más allá de la mera semejanza fonética. Según relata un pasaje de la mitología nórdica, Odín escapaba de unos demonios a lomos de Sleipnir, su montura de ocho patas. En su huída, el corcel escupía por la boca una espuma roja cuyas gotas se transformarían en setas.

Asimismo, existen algunas fuentes que han establecido un paralelismo entre el origen etimológico del todopoderoso Odín y el ciclo vital de la Amanita muscaria.

seta blanca

setas

Ciertamente, algunos hongos pueden llegar a ser muy venenosos. Es el caso de la oronja verde o Amanita phalloides, especie letal cuyo consumo puede llegar a producir la muerte en el ser humano. Una seta cuyo uso con fines nefastos pudiera haber cobrado protagonismo en algún capítulo de la Historia.

Nos cuenta una versión sobre el devenir de la antigua Roma que en tiempos del emperador Claudio existía una esclava llamada Locusta, ducha en las artes del envenenamiento, quien por encargo de Agripina, esposa de Claudio, preparó un plato que incluía setas altamente tóxicas que acabaron con la vida del emperador. Otras hipótesis, sin embargo, señalan la posible inclusión de arsénico en la comida como el causante de la tragedia.

Sea acaso por esas ‘propiedades’ fatales que algunos hongos poseen que, en ocasiones, se encuentren inmersos dentro de un mundo cargado de misterio e incluso se les haya atribuido supuestos ‘poderes’ vinculados a la nigromancia.

setas moradas

seta

Nada más alejado de la realidad. Los hongos son unos organismos diferenciados algunos de los cuales pueden resultar tóxicos para su consumo. Ciertamente, pueden llegar a ser muy peligrosos, incluso mortales. Tales son los casos de las citadas amanitas o de otros muchos, como la Ramaria pallida, la Gyromitra infula, la lepiota castaña (Lepiota castanea), la bruja (Inocybe erubuscens), la amanita pantera (Amanita pantherina), el hifoloma de color ladrillo (Hypholoma sublaterium), etc.

De ahí que se deba extremar la precaución a la hora de identificarlos, sobre todo para los menos avezados en la materia o, mejor aún, dejarse asesorar por un experto.

Y hablamos de hongos, ya que se consideran setas sólo aquellos que disponen de sombrilla, la cual se encuentra sostenida por una columna carnosa denominada pedicelo. Así pues, todas las setas son hongos, pero no todos los hongos son setas.

Seta grande, marrón, el boletus edulis

Varias setas

Boletus edulis

Sin embargo, no todos los hongos son venenosos. Conviene recordar que algunas especies están considerados como auténticas delicias culinarias, como el níscalo o robellón (su propia denominación científica lo sugiere, ‘Lactarius deliciosus’), el Boletus edulis, las setas de cardo (Pleurotus Eryngii), la colmenilla (Morchella elata), el rebozuelo (Cantharellus cibarus), la carbonera (Russula cyanoxantha), las senderuelas o muchardinas (Marasmius oreades), o la afamada Amanita cesarea, cuyos efectos embriagadores sobre el paladar humano nada tienen que ver con los provocados por sus terrible prima phalloides.

seta macrolepiota

Macrolepiota

Disfrutemos en nuestro caminar por el bosque de ese espectáculo que nos ofrecen estas ‘hadas’ de la Naturaleza. De ese milagro que es la maravilla de lo efímero, doblemente bello, por hermoso y por breve. Bajo las encinas y los robles, donde las macrolepiotas nos saludan, con sus orgullosas sombrillas de porte impresionante. En los pinares que visten las sierras sorianas y que dan cobijo a una de las más ricas variedades micológicas del suelo ibérico. Donde las setas surgen aquí y allá, entre sombras y luces. Unas, medio escondidas, semienterradas en el humus, el ‘humano’ que es el suelo que abraza a sus hijas que brotan de él, esquivas al ojo avizor, entre la magia de la flora edáfica. Otras, mostrándose en todo su esplendor al abrigo de troncos y piedras, o en los claros ocultos de las selvas. Manando de la tierra las fragancias almizcladas y perfumando el aire. Evocando visiones de mayor calado y autenticidad que aquellas cuyos efectos se disuelven con el paso del tiempo. Efluvios que quedan para siempre impregnados en la pituitaria del alma.

sierras sorianas

Sierras sorianas

setas

seta

Seta

 

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