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Siguiendo los pasos de Félix: Odile Rodríguez de la Fuente | al-natural


Siguiendo los pasos de Félix: Odile Rodríguez de la Fuente PDF Imprimir E-mail
Al natural
Por José María Hernández   
Lunes, 01 de Marzo de 2010 13:01

 

Cuando Odile Rodríguez de la Fuente te mira a los ojos lo hace desde el más pleno convencimiento de que sus palabras están calando en lo más hondo de quien la escucha. Esta seguridad argumental es propia de aquellas personas que tienen muy claro lo que quieren en la vida, qué defienden y por qué luchan. Cuando la fuente de inspiración es una causa tan noble, pura y suprema como la Naturaleza, la seguridad se convierte en un bastión inexpugnable.

 Odile sonríe. Detrás una foto de Félix en blanco y negro

Un aplomo, una firmeza, heredados de su padre, Félix Rodríguez de la Fuente, y fomentados por él, según nos cuenta la misma Odile: "Mi padre siempre nos preguntaba nuestra opinión sobre las cosas. Siempre nos alababa y nos admiraba, - ¡qué listas son ! - decía. Nos daba mucha seguridad y confianza, y  eso lo he mantenido a lo largo de los años, en buena parte gracias a él".

 

Félix, hombre y padre

Odile sigue hablándonos del Félix padre, una faceta desconocida para la mayoría. "Era un hombre muy cariñoso, cuando llegaba a casa después de alguno de sus viajes, corríamos a abrazarle y él nos besaba, nos olía, se revolcaba y jugaba por el suelo con nosotras... Era realmente cercano, no marcaba distancias. Yo tenía pocos años y me quedan sobre todo sensaciones, fotogramas. Luego nos contaba las historias de sus viajes, de igual forma que lo hacía cuando se comunicaba con los espectadores, con la misma pasión. Nos contaba las historias de Canadá, por ejemplo y conseguía transmitirnos las sensaciones que él había experimentado allí".

Y es que la divulgación y defensa de la Naturaleza no es un trabajo, es un compromiso continuo. Una pasión. Y así se lo transmitía Félix a sus hijas. "Los fines de semana solíamos ir a una finca en la Alcarria. Al amanecer, salíamos al campo y nos daba una peseta por cada animal que pudiésemos identificar."

Un amor por la Naturaleza que Félix fue inculcando a sus hijas desde pequeñas, y que él mismo empezó a sentir desde una edad muy temprana.

"Mi padre no fue escolarizado hasta los nueve años. Era hijo de notario, mi abuelo, un hombre muy culto y sensible a la Naturaleza, quien consideraba que la educación que entonces se impartía en los colegios no era la adecuada. Esta situación permitió a mi padre vivir los primeros años de su infancia de forma montaraz, en permanente contacto con una Naturaleza tan agreste como la que se encuentra en el norte de Burgos, de donde era originario.  Una Naturaleza salvaje y mítica, debido a las historias de lobos que contaban los pastores de la región. De entre ellas, el fabuloso cuento de El Cano, un gran lobo blanco que campaba por aquellas tierras."

Fue precisamente en esos primeros años de vida cuando Félix conoció al que fue su primer profesor de ornitología, "se trataba de un zapatero que llevaba a mi padre al monte con reclamo para perdiz".

 

Recorte de la portada de la revista Garbo donde se ve a Odile de pequeña junto a Félix

El Mensaje de Félix

A Odile se le ilumina la cara cuando habla de su padre, con esa misma admiración que siente una niña de siete años por su progenitor, quien se muestra como un ser fuerte, sabio, cercano, protector...

Nos habla del mensaje que su padre nos dejó, con el mismo entusiasmo con el que entonces le escuchaba y que ahora ha conseguido contagiarnos a nosotros. "Mi padre nos dio a entender que el hombre no se encuentra al margen de la Naturaleza, si no todo lo contrario, forma parte de ella. Salvar a la Naturaleza no es solo salvar a las ballenas o salvar el Amazonas, también es salvar a la humanidad. Para entender la evolución del hombre nos sirve un símil con las edades que la humanidad ha vivido desde sus orígenes. Primero, el hombre vivía en cuevas. El paleolítico de la humanidad es como la infancia, en la que se empieza a experimentar, a conocer. La era industrial es la adolescencia, una edad en la que no se tiene conciencia de las herramientas, de la fuerza que se tiene, de que uno se puede matar, como cuando un chico joven coge una moto no siendo del todo consciente de que conlleva una responsabilidad. Por último, llega la madurez, volviendo a retomar el conocimiento que se adquiría en la infancia. Actualmente nos encontramos en ese paso hacia la madurez, donde hay que recordar ese diálogo existente entre el hombre y la Tierra. Al fin y al cabo, mi padre intentaba transmitirnos que el hombre ha de estar a la altura de su potencial, como naturaleza pensante, fue más allá de la mera observación y divulgación del patrimonio natural".

Y es que, el trabajo realizado por Félix ha trascendido con el pasar de los años, hasta convertirse en una referencia obligada para todos aquellos que consideran que el hombre tiene un papel crucial en el devenir de su futuro y el del entorno que le rodea. "Considero que cuanto más tiempo pasa, más nos damos cuenta de la importancia que tuvo el trabajo que hizo mi padre. Entonces fue una persona popular, el amigo de los animales, pero ahora que la cuestión del medio ambiente está más en boga, nos vamos a dar cuenta de la importancia que tuvo y de que fue uno de los pioneros. Además, trabajó de una forma espectacular, en muy poco tiempo se hizo mucho. Se pasó de premiar por traer las garras de un ave de presa a llorar por capturar a los cachorros de una loba. Estuvo incluso por delante de nuestro tiempo en algunas cosas. Concibió al hombre, en todo momento, como parte de la Naturaleza".

Odile con el periodista y el cámara de Nosoyundominguero en plena entrevista

Ciertamente, en España tuvo lugar un antes y un después a la hora de entender la Naturaleza tras la irrupción de la figura de Félix Rodríguez de la Fuente. Alguien que hizo mucho con poco y en poco tiempo. Entonces, ¿cuál era el secreto de Félix para llegar en la forma en que llegó a las gentes de entonces? ¿Cómo consiguió calar su mensaje en tantos españoles como los que le seguían, a través de sus reportajes y libros, en los años en los que este burgalés amante de la Naturaleza desarrolló su trabajo o, mejor dicho, hizo partícipe de su vocación a medio país?.

"Existían muchos ingredientes en la confección de los vídeos y trabajos de mi padre, pero yo quiero destacar tres puntos en los que probablemente se resuma el éxito de su labor. En primer lugar, era una persona dotada de una gran memoria asociativa, probablemente gracias al estudio de la Medicina. Tenía una gran capacidad comunicativa, podía contarnos las cosas como si se tratara de un chamán contando un cuento. Todo lo hacía sin guión, de forma improvisada. Era un orador nato. En segundo lugar, era un hombre absolutamente convencido de lo que hacía, lo suyo era totalmente vocacional. De esa forma, surgía un efecto de contagio. Por último, él necesitaba el calor de la audiencia, que calara el mensaje en el receptor al que iba destinado. Cuando el cámara que le grababa dejaba de comerse el bocadillo para mirarle embelesado a él, comprobaba que la cosa funcionaba. Eso era lo que buscaba". 

Pero, evidentemente, también existieron dificultades. Sobre todo teniendo en cuenta que, como bien dice su hija, fue un pionero que tuvo que enfrentarse a todo tipo de problemas, sobre todo al principio. "Él empezó en un momento en el que gran parte de los animales eran considerados como ‘alimañas’. Al fin y al cabo, lo suyo era un poco un ‘solo ante el peligro’, pues, sobre todo al principio, no contó con muchos apoyos, ya que las cosas no eran como ahora, en que la gente se encuentra mucho más concienciada y comprometida con la Naturaleza".

 

Félix y el Lobo

Precisamente una de esos animales considerados como una ‘alimaña’ o como un peligro para el hombre, el lobo, es probablemente el animal al que se asocia con mayor fuerza la figura de Félix. Odile nos desvela cómo fue el origen del amor que surgió entre su padre y esta fabulosa criatura.

"Desde la infancia, mi padre tuvo un contacto muy íntimo con los lugares donde se cristalizaba la Naturaleza más salvaje. Cuando tenía doce años, marchó con una batida y su padre, mi abuelo, le dio unos prismáticos para que pudiera otear el horizonte. Él vio cómo, en lo más alto de una colina, se asomaba la figura de un lobo y eso le marcó para siempre. A partir de entonces vio al lobo como un animal de una nobleza sublime y lo desmitificó como un ser maligno, se enamoró de él, como un ser muy sociable y muy inteligente. De hecho, en el pasado, en el Paleolítico, el hombre tuvo una asociación con el hombre. Un pacto de amistad y de mutuo respeto".

 Félix y su mujer con un grupo de lobos


Félix y el lobo. Félix y los animales. Félix y la Naturaleza, esa herencia que hemos recibido como un don divino y que Odile, la benjamina de Rodríguez de la Fuente, trata de seguir divulgando y defendiendo, fiel hija de su padre.

¿Cuál será el animal con el que se sienta más identificada esta heredera de la causa? De momento, esta respuesta queda, al igual que otras muchas, oculta bajo el insondable brillo de los ojos de Odile. Unos ojos vivos, enérgicos, que, al igual que su padre, consiguen capturar la atención de quien los mira mientras derrama en los oídos de su interlocutor un mensaje que, aún soportándose en palabras cultas bien elegidas, parece salir a borbotones, de forma improvisada.

Es el mensaje de quien no necesita estudiar algo para recitarlo de memoria. Es, en fin, un mensaje de amor a la Naturaleza. Se dice de los comunicadores que gozan de un gran carisma que ‘se comen la cámara’ cuando hablan. Odile no se ‘come la cámara’... Se limita a enamorarla.

 

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