El portal espaol del medio ambiente

El portal espaol del medio ambiente

Mantis y tarántulas: bodas y funerales en el reino animal | companeros


Gracias por utilizar un navegador seguro y fiable

Qué buscas...

Última Hora

06 Febrero 2012, 12.25
M. Jardón
Los ríos ibéricos llevan cada vez menos agua
En los últimos 60 años el caudal de los ríos ibéricos ha descendido, algunas cuencas como la del Segura, lo han perdido incluso un 3% de su caudal medio, según un estudio realizado por el Consejo Superior de Investigac
Leer más 196 Hits 0 Ratings
02 Enero 2012, 19.53
Alejandro Martín Montilla
Habrá nuevo almacén nuclear, no habrá nuevas centrales, pero si las prorrogan
Dos nuevas noticias marcan la actualidad del futuro de la energía nuclear en España. Por un lado, el 'sí' de Cospedal desbloquea la ubicación del almacén nuclear, y por otro lado, el ministro de Industria apoya prolong
Leer más 312 Hits 0 Ratings
23 Diciembre 2011, 11.15
Alejandro Martín Montilla
Shell causa el peor derrame de petróleo de la década en Nigeria
Nigeria se encuentra en estado de alerta después de que la compañía Shell anunciara el derrame de unos 40.000 barriles de petróleo en la costa de este país del África occidental y mancha ya 185 kilómetros de océano.
Leer más 414 Hits 0 Ratings
07 Diciembre 2011, 19.33
Alejandro Martín Montilla
WWF lleva a cabo una nueva recuperación forestal
WWF/Adena ha puesto en marcha un plan de recuperación forestal en varios puntos de la Península.    
Leer más 501 Hits 0 Ratings
Mantis y tarántulas: bodas y funerales en el reino animal PDF Imprimir E-mail
Compañeros
Por J. M. Hernández   
Viernes, 29 de Enero de 2010 18:57


Mantis y tarántulas. Casamenteras fatales, viudas por voluntad propia que aprovechan la actitud abnegada de los machos, quienes sacrifican sus vidas en pro de la perpetuación de la especie. Vista por el ojo humano, esta conducta podrá parecernos algo terrible, espeluznante ¿pero acaso exista una mayor demostración de amor que el sacrificio de la vida propia?

Una mantis religiosa devorando una presa 

Sucede que, normalmente, son las grandes especies de animales las que suelen acaparar nuestra atención, mamíferos, aves, reptiles, anfibios,... Ya bien sea por su porte, o porque en ocasiones se nos hacen más evidentes a la vista, nuestra curiosidad se deja llevar por estas especies dejando a un lado un mundo tan fascinante como misterioso, el mundo de los pequeños animales, de los insectos, artrópodos y moluscos. Animales cuyos comportamientos son dignos de los más concienzudos estudios, especies que han desarrollado estrategias de supervivencia que en ocasiones superan en complejidad a las que han puesto en práctica sus vecinos de mayor tamaño. 

 


En este caso nos interesa destacar a dos especies que poco tienen que ver en su morfología y, sin embargo, comparten unos rasgos muy similares en sus respectivos rituales amorosos.

 

 Araña cazando un saltamontes en su telaraña

La mantis religiosa 

En primer lugar, la mantis religiosa (Mantis religiosa), uno de los insectos más peculiares que podemos encontrar en nuestro país. Recibe su nombre de la similitud que ofrece la postura que este animal adopta en ocasiones con la de una persona que junta sus manos en señal de oración. Observándola quieta, rígida, el tronco semi vertical inclinado ligeramente hacia el tórax, el rictus estático y casi extático, las patas delanteras juntas, como si las embolsaran en las mangas del hábito, pudiera darnos la impresión de tratarse de una criatura pía. Nada más lejos de la realidad, la mantis es uno de los depredadores más temibles dentro de su microcosmos y que resulta poco piadosa con todos aquellos que sean susceptibles de convertirse en presa, incluidos los de su misma especie. Esta cazadora permanece  inmóvil, pasando desapercibida en el entorno, ayudándole en su camuflaje la coloración de su piel, que puede ir del verde al pardo, hasta un amarillo pálido, esperando a que alguna incauta presa se acerque lo suficiente como para que pueda lanzar su ataque. Entonces, con un rápido movimiento, la atrapa con sus patas delanteras, las cuales están provistas de unas fuertes espinas que le sirven para sujetar mejor a la víctima y empieza a devorarla rápidamente aunque ésta siga debatiéndose por zafarse del abrazo mortal de su verdugo. 

 

Mantis religiosa fotografiada en Pelegrina (Guadalajara)
Pero como señalaba anteriormente, también una mantis se puede convertir en presa de una de sus congéneres. Y nunca mejor dicho ya que, con frecuencia, son las hembras quienes devoran a los machos, menores en tamaño. Y sucede que esta práctica caníbal se da en una situación insospechada, si la tenemos en cuenta desde el punto de vista del ser humano, ya que tiene lugar durante el acto reproductivo. No siempre es así, pero tampoco es algo extraño que el macho sirva de cena nupcial a la hembra. En caso de que haya más de un pretendiente, los aspirantes se pelean por hacerse con los favores de la hembra. Qué irónico, si se tiene en cuenta el incierto final al que se exponen. El macho cubre a la hembra y ésta puede empezar a devorar al macho comenzando por la cabeza en lo que parecería una macabra ceremonia matrimonial, o esperar a que se consume el apareamiento para dar cuenta de su compañero. En numerosas ocasiones el macho consigue salir ileso de la cópula, pero otros se quedan en el camino, habiendo ofrecido sus vidas con el fin de perpetuar sus genes a través de la descendencia que verá la luz unos meses después, cuando los huevos depositados por la hembra eclosionen allá por la primavera.  

La tarántula 

El segundo caso que ocupa nuestro interés también es el de otro temible depredador, la tarántula o araña lobo (Lycosa tarántula), a la que no hay que confundir con sus gigantescas primas migalomorfas de América, Asia, África y Oceanía. De hecho, el que también se le conozca como araña lobo viene asociado al nombre científico que agrupa a esta familia, Lycosidae, cuya raíz proviene del griego lycos, esto es, lobo. (Hacemos referencia también al género Lycosa cuando nos referimos a estos artrópodos).

 

Una tarántula a las puertas de su escondrijo
A diferencia de otras arañas, este licósido no espera a que sus presas queden atrapadas en su tela para abalanzarse sobre ellas, sino que las acecha desde una guarida que excava con forma cilíndrica en la tierra, recubriendo sus paredes de seda. La tarántula se mantiene alerta en la puerta de su cubil y cuando una posible presa pasa cerca se lanza con presteza sobre ella inmovilizándola con sus fuertes quelíceros e inyectándole su veneno paralizante. La araña segrega una toxina que no causa graves síntomas en los humanos, sin embargo, este arácnido cultivó una mala reputación en el pasado, posiblemente debido a razones sociológicas y culturales. Parece ser que el nombre de tarántula proviene de la ciudad italiana de Tarento, en cuyas inmediaciones fue descrita por primera vez como artrópodo venenoso, allá por la Edad Media. Las creencias populares afirmaban por aquel entonces que la picadura de esta araña podía causar alucinaciones, melancolía, insomnio, llanto, convulsiones y otros síntomas. Para librarse de sus efectos, había que realizar una danza frenética, conocida como ‘tarantella’, por la que se sudaba copiosamente hasta liberarse del mal. Posteriormente, la ‘tarantella’ se fue extendiendo como baile tradicional por otras ciudades del sur de Italia. 

 Una araña lobo con prole en el abdomen

La araña en la historia

Pero no solamente en la Edad Media se tenía a la araña en algunos casos como un animal que provocaba respeto y temor. Siglos atrás, un capítulo de la mitología grecorromana también contempla a la araña como un símbolo de lo terrorífico. Así, según recogen los relatos de Ovidio y Virgilio, una mortal llamada Aracné fue convertida en araña como castigo por la diosa Atenea. Aracné se jactaba de ser la mejor tejedora de su tiempo, llegando incluso a afirmar que su habilidad superaba incluso a la de la diosa Minerva (Atenea para los griegos). Ofendida, la deidad adoptó la forma de una anciana y le advirtió a Aracné de que no se burlara de los dioses. Ésta hizo caso omiso e incluso propuso un concurso contra Minerva para demostrar quién de las dos era la mejor tejedora. El concurso comenzó y la diosa elaboró un telar en el que se plasmaba su victoria sobre Poseidón al hacerles el regalo del olivo, motivo por el cual los atenienses la aceptarían como su patrona. El telar de Aracné ilustraba una escena en la que se representaban varias de las infidelidades cometidas por los dioses disfrazados de animales. La obra era perfecta, pero la insolencia de la misma motivó la furia de Minerva, quien destrozó el tejido e hirió a Aracné. Ésta huyó y, presa de la vergüenza, se ahorcó. Según los textos de Ovidio, la diosa se apiadó de la mujer y convirtió la soga en una tela y a la propia Aracné en una araña, apariencia bajo la cual viviría condenada el resto de su vida.  


Pero dista mucho la actitud soberbia de Aracné de la que adoptan las tarántulas que deambulan por los suelos ibéricos. De hecho, las ‘mamás lycosia’ son todo un ejemplo, llevando a su numerosa prole sobre su espalda para asegurarse de que no corra ningún peligro. Y resulta especialmente llamativa la actitud de los machos a la hora de cortejar a las hembras, quienes les superan ostensiblemente en tamaño. Se trata de una situación de alto riesgo, ya que la hembra puede confundir al galán que intenta cortejarla con una presa fácil. Tal es el peligro al que se exponen, que en numerosas ocasiones los machos acaban siendo devorados por las hembras tras la cópula. Según parecen sostener algunos científicos, el aporte energético de los arácnidos es mayor que el de otras presas comunes, como grillos y otros pequeños animalillos, lo cual favorecerá que la hembra se encuentre bien nutrida para poder acometer la tarea de la puesta de los huevos y el posterior cuidado de las crías.


 

Casamenteras fatales 

Mantis y tarántulas. Casamenteras fatales, viudas por voluntad propia que aprovechan la actitud abnegada de los machos, quienes sacrifican sus vidas en pro de la perpetuación de la especie. Vista por el ojo humano, esta conducta podrá parecernos algo terrible, espeluznante ¿pero acaso exista una mayor demostración de amor que el sacrificio de la vida propia? La explicación científica nos diría que el cruento ofrecimiento que realizan estos animales responde al mero instinto reproductivo. Sin embargo, podríamos aprender algo de ello, dado los tiempos que corren, en los que el concepto del amor parece un tanto desvirtuado y el ofrecimiento del uno mismo parece estar muy alejado de la directrices que cada vez cobran más fuerza en la sociedad actual, en la que con demasiada frecuencia prima la intención de recibir por encima de la de dar. Por el contrario, y aunque pueda parecer paradójico, quizás estas pequeñas criaturas nos muestran el camino a seguir. Sin llegar al extremo de la inmolación a la que algunos de estos ejemplares se someten de forma voluntaria durante su conducta amorosa, sí podríamos rescatar de su comportamiento una actitud que resulta necesaria en la consumación del amor pleno. Y si por un momento nos pudiéramos alejar de los patrones funcionales que imperan en nuestra sociedad, apreciaríamos cómo mantis y tarántulas, a su manera, nos dan una gran lección de amor, cada vez más rara en nuestros días. Una lección de la que posiblemente podamos aprender positivamente, la del amor llevado al extremo, en todo su sentido, la expresión última de la entrega. 

Una mantis de color verde camuflada sobre una hoja

Fotografías: Alberto SalgueroAlvesgasparÁlvaro RodríguezNosoyundominguero.es

 

j.hernandez@trestreboles.es 

 

También te puede interesar...

 
Joomla Templates by Joomlashack