El portal espaol del medio ambiente

El portal espaol del medio ambiente

El jabalí: la furia de Calidón | companeros


El jabalí: la furia de Calidón PDF Imprimir E-mail
Compañeros
Por J. M. Hernández de la Luna   
Lunes, 02 de Junio de 2008 14:09

 

Algo irrumpe con violencia entre la espesura, algo se mueve raudo entre la maleza. Un cuerpo se abre paso como una flecha a través del bosque. Nada lo detiene, si acaso algún atractivo olor indicativo de que algo apetitoso se encuentra cerca.

 

 Jabalí tomando un baño de barro

 

Jabalina sobre una dehesaComo una auténtica fuerza de la Naturaleza, el jabalí cruza senderos, atraviesa campos, vadea ríos, recorre montes,... Podemos decir que se trata de uno de los mamíferos mejor adaptados del suelo ibérico. Perteneciente a la familia de los suidos, sus scrofa nos dice el latinejo, es éste un animal formidable inspirador de numerosos mitos y leyendas, no ya solo en España, sino en toda aquella tierra que ha sido pisada por la pezuña de esta fabulosa criatura.

Así, en la mitología nórdica de la Edda, era el jabalí Sehrimnir quien tenía el honor de dar su carne como alimento a los héroes muertos que moran con Odín en el paraíso del Valhalla. Según la Alucinación de Gylfi, ‘nunca habrá tanta gente en el Valhalla, que no les baste la carne del jabalí llamado Sehrimnir ¡éste se cuece cada día y otra vez está vivo a la tarde!’.

Según cuenta el Skaldskaparmál, segunda parte de la Edda prosaica de Snorri Sturluson, los enanos conocidos como los hijos de Ivaldi fraguaron un verraco dorado que entregaron como regalo a Frey, dios de la fertilidad. Este jabalí, llamado Gullimbursti:

"podía correr también por el aire y sobre el agua, de noche y de día, más veloz que un caballo, y nunca era tanta la oscuridad de la noche, ni en las regiones tenebrosas, que no iluminara su pelambre por donde él pasaba."

Y prosigue el Skáldskapalmál, contándonos cómo Frey acudió al funeral de Bálder guiado por el jabalí Gullimbursti:

 

"Frey en la guerra avezado, dirige y cabalga el primero, en aquel de dorada pelambre, a la pira del hijo de Odín."

 

También Freya, hermana de Frey, aparece vinculada al jabalí, ya que en cierta ocasión, según relata la Edda poética, transforma mágicamente en un jabalí a su amante Óttar para rescatarlo del mundo de los muertos, para tratar de engañar, sin éxito, a la bruja giganta Hyndla, quien se encuentra guardiana en su cueva. Podemos observar una doble relación del jabalí con lo masculino y lo femenino, a través de su ligadura con los dioses hermanos de la fertilidad Frey y Freya, y acaso también un íntimo vínculo con la fecundidad.

También en la poesía anglosajona se nos habla de guerreros a los que ‘coronaban sus yelmos brillantes verracos forjados en oro, templados al fuego: protegían las vidas de aquellos valientes’, como nos relata el poema Beowulf. Y es que el jabalí aparece con frecuencia ligado a lo épico, símbolo en ocasiones de lo protector. Sin embargo, en otros mitos se nos presenta como una auténtica furia de la naturaleza, llegando a producir, incluso, el pánico entre la población humana. Así, en la mitología griega, aparece una de las más terribles criaturas que asolaran el mundo de los hombres; El Jabalí de Calidón. Todo comenzó cuando Eneo, rey de la citada ciudad, celebraba los sacrificios anuales en honor de los dioses. En aquella ocasión, al rey se le olvidó incluir a Ártemis en sus ofrendas. Ofendida, la diosa de la salvaje Naturaleza decidió liberar a un feroz y enorme jabalí, una bestia que asolaría toda la región de Calidón. Desesperado, Eneo envió mensajeros en busca de los mejores cazadores de Grecia para que acabaran con el terrible animal, ofreciendo como recompensa la piel y los colmillos del jabalí. Se convirtió, sin duda alguna, en la cacería más importante de la Hélade, pues acudieron la mayoría de los héroes griegos, entre ellos los argonautas, e incluso la cazadora Atalanta, la ‘indomable’, quien había sido amantada por Ártemis transformada en Osa. Fue precisamente Atalanta quien hirió primeramente al jabalí, si bien finalmente Meleagro terminó de rematar a la bestia. Durante la cacería se originaron distintas disputas entre los héroes e incluso algunos de ellos murieron, como el fue el caso del propio Meleagro, cumpliéndose así la venganza de Ártemis.

La caza de Calidón

Heracles, el gran Hércules para los romanos, fue uno de los héroes que no participó en la cacería de Calidón. Pero el mítico hijo de Zeus tendría que cazar su propio jabalí. Se trataba del conocido como el Jabalí de Erimanto, al que debía capturar para completar una de sus famosas doce pruebas. Heracles encontró a la fiera y, tras varias horas de persecución lo acorraló, lo ató y lo llevó a Micenas sobre sus hombros, completando así el cuarto trabajo de los doce que Euristeo le mandó realizar para alcanzar la divinidad.

Y así se suceden las citas mitológicas que tienen como protagonista al jabalí. Ya bien sea a través de la tradición nórdica, anglosajona, celta o griega, este legendario animal se presenta como un símbolo de protección, de fecundidad, de fuerza, de abundancia y, también, como hemos visto en el mito heleno, de ferocidad .

Pero en realidad no es tan fiero el jabalí como lo pintan. Son animales sociables que se reúnen en grupos matriarcales, dirigidos siempre por la hembra de mayor edad. Una vez cumplen el año, los machos suelen llevar una vida en solitario excepto en el periodo de celo, de noviembre a enero, en el que buscan hembras receptivas. Los cachorros nacen con unas características franjas longitudinales en el pelaje a lo largo de su cuerpo, por lo que se les llama listones o rayones, pasando a ser llamados bermejos cuando, tras unos meses, el color del pelo se torna de un rojo uniforme. A partir del año el pelaje se va oscureciendo y el color va cambiando según sea la estación del año. También varía el tamaño. Así, los ejemplares orientales de la especie pueden llegar a pesar hasta 350 kilos, mientras que los occidentales, menos voluminosos, no suelen sobrepasar los 200 kilos. 

JabalinaGracias a su gran capacidad de adaptación al medio, podemos ver jabalíes en la mayoría de los territorios agrestes de la Península Ibérica, si bien aquellos se muestran escurridizos al ojo humano, como la mayoría de los mamíferos salvajes. Sin embargo, no son raros los encuentros fortuitos con jabalíes a lo largo y ancho de nuestra bendita geografía. Así, la mayoría de sierras de monte bajo y bosque mediterráneo son lugares idóneos para la observación de estos animales. Sierra Morena, Cazorla, los parques nacionales de Monfragüe y Cabañeros, la serranías de Cuenca, Albacete y Alicante, los Montes Universales... También en los bosques asturianos, gallegos, navarros,... En hayedos como el de la Peña de Francia, castañares como el de El Tiemblo, pinares como los que pueblan la Sierra de Urbión y otros muchos, lugares todos ellos  que cuentan con la presencia de jabalíes. Incluso en zonas tan próximas al hombre como los bosques que rodean El Escorial, los encinares de El Pardo y hasta en urbanizaciones cercanas al campo, no resultará raro que alguna vez nos encontremos con mamá jabalí y su prole cruzando la carretera, ufanos, ante los faros de nuestro coche. Casi cualquier lugar silvestre es bueno para el jabalí. Bastará con ver la tierra revuelta, desmenuzada en terrones, para obtener una señal inequívoca de que por ahí han pasado los jabalíes, quienes hozan en el suelo en busca de raíces, setas y pequeños animalillos que llevarse a la boca. También las huellas, caracterizadas por marcar las pezuñas secundarias o muñones, o los excrementos, advierten de la presencia de estos animales, así como los significativos rascaderos en troncos viejos, los revolcaderos donde el jabalí realiza sus baños, las camas en forma de pequeña depresión en el terreno y los troncos donde los machos afilan sus colmillos. 

Jabalina olisqueando el sueloDicen los estudios que la cifra de jabalíes se ha disparado en los últimos tiempos, produciendo un desequilibrio en el hábitat. Y no son pocos los agricultores que culpan de la pérdida de muchos de sus cultivos a las incursiones de los jabalíes. Pero quizás, lo que realmente deberíamos plantearnos es si no se produjo con anterioridad un desequilibrio mayor, al reducirse considerablemente el número de enemigos naturales del jabalí. Con toda seguridad ello originó la proliferación desmedida de uno de los animales que mejor saben desenvolverse en el entorno natural

No se debe culpar de este desequilibrio a una especie que ha sabido adaptarse y que sobrevive con éxito en el medio en el que vive. A una encarnación, pelo y pezuña, del espíritu salvaje de la Naturaleza. A una de las pocas criaturas ibéricas cuya fiereza aún nos hace conmovernos, como hizo estremecerse al poeta Gabriel y Galán, quien en sus versos reconoce la bravura del animal: ‘y he matado en el coto a puñaladas al arisco jabalí, sañudo y fiero’.

Que no echemos nunca de menos en nuestras tierras, pues, al arisco jabalí, sañudo y fiero.

 

j.hernandez@trestreboles.es 

 
 
Joomla Templates by Joomlashack