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Aguasvivas; bellas y letales | companeros


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Aguasvivas; bellas y letales PDF Imprimir E-mail
Compañeros
Por J. M. Hernández de la Luna   
Martes, 15 de Noviembre de 2011 18:52

 

Hermosa para quienes la contemplan. Letal para sus presas. Una paradójica combinación que describe a uno de los grupos de criaturas más primitivas y misteriosas de nuestros mares; las medusas.

Foto caravela portuguesa por Juan Falque 

Animales invertebrados que se componen básicamente de agua, hasta un noventa y cinco por ciento de su cuerpo, lo que les proporciona un camuflaje perfecto al confundirse con el medio marino. Son, en cierto modo, aguas vivas, una prolongación del mar que se proyecta a través de estas prehistóricas formas de vida.

La anatomía de la medusa es poco sofisticada pero eficiente. Consta básicamente de la umbrela, en cuyo interior se encuentra la cavidad gastrovascular, que es el lugar donde realiza la digestión, los brazos orales y los tentáculos urticantes. Estos animales presentan una simetría radial, esto es, que cada punto que forma la circunferencia de la umbrela es equidistante con respecto del centro, algo así como un paraguas submarino.

Y es que, en efecto, en ocasiones las medusas parecieran sombrillas extraviadas que flotan en el aire, solo que, en este caso, la acción estimulante del viento es sustituida por las corrientes marinas, que mecen a estas nómadas del mundo subacuático.

 Medusa Luna por Javier Corbo

Pero también pueden desplazarse motu proprio, gracias a los movimientos rítmicos de su umbrela, que son acompañados por los tentáculos, galeotes que bogan impulsando la nave pelágica. Son estos tentáculos, además, potentes armas de defensa y depredación, ya que se encuentran provistos de unas células tóxicas denominadas nematocistos. Estas células albergan en su interior unas cápsulas que, al contacto con sus víctimas o agresores, disparan un arpón contenido en su interior inyectando, a través de él, la sustancia venenosa que tiene por objeto paralizar a su oponente. Los brazos orales ayudan en la captura e ingestión del alimento.

Estos tentáculos son urticantes incluso una vez muerto el animal. Haciendo un guiño a la mitología griega, nos viene a la memoria la figura de la terrible gorgona Medusa, cuya cabeza seguía manteniendo el poder de convertir en piedra a quien la mirara de frente, a pesar de haber sido decapitada por el héroe Perseo. Tras haberle sido cercenado el cuello brotó su descendencia, el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor, fruto de la unión de la gorgona y Poseidón.

La versión más extendida del mito nos cuenta que, siendo aún sacerdotisa de Atenea, el dios del mar tomó por la fuerza a Medusa en el mismo templo, por lo que la doncella fue castigada por la diosa, quien la convirtió en un terrible monstruo, sustituyendo sus cabellos por serpientes y con un rostro tan horrendo que dejaba petrificado a quien lo mirara.

Para vencer a Medusa, Perseo portaba un escudo espejado para poder ver reflejado el rostro de su enemigo y, de esta manera, evitar el enfrentamiento directo. Se dice que, durante el viaje de regreso de Perseo a lomos de Pegaso, las gotas de sangre que cayeron de la cabeza de Medusa salpicaron los corales y algas que podrían suponer el origen etimológico del Mar Rojo. Incluso pudieron ser el génesis de las víboras venenosas del Norte de África, alusión que tendría relación con los cabellos ofídicos de la gorgona.

Escultura de Medusa por modenadude

Tiempo después, el héroe le dio la cabeza de Medusa a Atenea, quien la plasmaría en su escudo o coraza, la égida. Quizás por ello fuera el motivo de inspiración de los ‘gornoneion’ (γοργονειον), símbolos griegos protectores frente a los huéspedes inesperados que con frecuencia se encontraban en forma de amuletos colocados en las entradas de las casas, o ilustrando cerámicas, vasijas, mosaicos, armas, etc. Pero la realidad llegó a superar el mito, y la figura de Medusa llegó a ser identificada como alegoría de la ira femenina, como demuestran obras y estudios realizados hasta nuestros días.

Así, también las aguasvivas de nuestros mares y océanos tienen el poder de ‘petrificarnos’, si bien en vez de utilizar la mirada, se bastan de sus tentáculos para paralizar a sus presas y oponentes, armas que comparten con otras formas de vida, todas ellas pertenecientes al grupo de los cnidarios (el término griego ‘knidé’, κνιδε, significa ortiga), el cual incluye a los corales, las gorgonias, las anémonas y a las propias medusas.

Así, según sean su morfología, podríamos dividirlos en aquellos que viven fijos al sustrato, los denominados pólipos, de constitución tubular y con los tentáculos y boca orientados hacia arriba, y, por otro lado, tendríamos a las medusas, de vida libre, que viven sin encontrarse ligadas al suelo, con la boca y los tentáculos orientados hacia abajo, si bien un número importante de especies presentan ambas formas a lo largo de su proceso vital. Algo así como la metamorfosis sufrida por la oruga antes de volar como mariposa.

 Medusa tipo acalefo azul por Planells

Unas viven de forma solitaria mientras que otras forman colonias, en las que cada individuo tiene una función determinada. Así, en los sifonóforos, unos son los responsables de las tareas defensivas, mientras que otros mantienen la línea de flotación o se encargan de la nutrición. El sifonóforo más destacado es, sin duda, la llamada carabela portuguesa (Physalia physalis), que puede llegar a producir la muerte en el ser humano y a la que se ha podido ver en ocasiones en costas españolas.

Pertenecientes a los pólipos están los antozoos, entre los que se encuentran los corales, anémonas, tomates marinos, etc...

Las medusas cubo o cubozoos se encuentran entre las medusas más peligrosas del mundo. Presentan una umbrela cilíndrica y suelen poblar las aguas de los mares tropicales y subtropicales.

Foto medusa de blesga

Finalmente, los escifozoos componen la clase que agrupa a las especies más conocidas de nuestros mares. El pomposo acalefo azul (Rhizostoma pulmo), un pulmón marino que parece dejarse llevar como un náufrago por entre las aguas. La medusa bioluminiscente (Pelagia noctiluca), una joya viviente que brilla con luz propia. La aguacuajada (Cotylorhiza tuberculata), parsimoniosa bailarina submarina. Criaturas que bien podrían ser un híbrido de la belleza de Medusa, antes de ser transformada por Atenea, y la aterradora criatura que dejara petrificados a los incautos que se atrevieran a entrar en sus dominios.

 

Estado actual, futuro

En los últimos años se ha detectado un aumento en las poblaciones de medusas. Varias son las teorías que se han esgrimido para explicar tal circunstancia, si bien la mayoría carecen de una base sólida y demostrable. Así, un aumento de la temperatura de las aguas podría alterar el ciclo reproductor de estos organismos en su fase de pólipo. En lo que sí parece ponerse de acuerdo la comunidad científica es en el hecho de que la sobre explotación pesquera es una de las principales claves de la proliferación de estos organismos, que ven reducido el número de competidores por el alimento, así como el de depredadores naturales.

 
 
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